Wednesday, December 16, 2009

Certezas 4. Esas leyes que rigen mi mundo

Ya nunca me verás como me vieras.

Yo tuve dos abuelas, como la mayoría de la gente, claro. No me voy a andar haciendo la original con eso. Una era una polaca complicada, jodida, que se encargó de torturarle la vida a mi madre pero se embriagó de amor cuando me vio y me dejó hacer absolutamente todas las cosas que le había prohibido a la generación anterior y más. La adoré de los 3 a los 18 y con un claro síntoma de poca evolución de mi parte la castigué en la adultez por haberme legado una madre dolida.
Anduve disfrazada el 90% de mi infancia, caminando en tacos altísimos, con collares de perlas (auténticos y falsos) colgándome del cuello, maquillada y con uñas postizas por su casa. Las mañanas de los domingos que amanecía ahí, abría un ojo y tenía mate cocido con tostadas de pan francés en circulitos perfectos dorados con Mendicrim esperándome en el umbral de la puerta. Cuando se me cantaba podía armar carpas en el living de la casa debajo de las sillas del comedor consábanas y otra vez hasta intenté llenar la terraza de agua como para hacer una pileta que parecía era absolutamente necesaria en esa casa para completar mi felicidad. Nunca se me dijo nada. De no ser por la estrictez prusiana de mi madre, dejada en manos de mis abuelos, hubiese resultado una mierdita de persona.
La otra, por su lado, una artista nata que pintaba y esculpía como nadie, se llamaba Azucena y tenía el talento natural de hacerle sentir a sus nietos que todos eran sus preferidos (aunque claramente era mi primo mayor el favorito real, su delfín). Ya con sus hijos era babosa. Tengo recuerdos de verla agarrar a Toti de los cachetes y darle besitos mariposa cuando cargaban más de un siglo entre los dos. En el espejo tenía pegadas fotos de todos sus nietos en diversos tamaños (como si fuesen Babooshkas) y ya casi no había espacio ni para mirarse. Supongo que ya ella prefería vernos a nosotros que a su propia imagen.
Mi abuela Azucena me agarraba las manos y juraba que eran manos de artista también y celebraba como una loca cualquier cosa que yo pintaba, dibujaba o escribía. Mis dudosas esculturas llenaban sus repisas como si fuesen piezas de colección y esa tarjeta de navidad que hice un año quedó colgada por los siglos de los siglos amén, también en el espejo. Dicen mis tíos que desde muy joven se despertaba cantando y nunca dejó de hacerlo hasta que murió. Lo debo haber heredado.
Certeza. Muertas tus abuelas, ya nunca nadie te va a volver a mirar de esa manera, esa que te hace creer por un rato que sos la octava maravilla y que no hay nada más natural que te quieran así de mucho, de ciegamente, de por completo.

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Tuesday, December 15, 2009

Diciembre

Diciembre es el mes de los exilios, de los que vuelven. Ayer me encuentro en la veredita de Florencio con mi amigo que mueve los brazos y las manos como un loco espantando la masa de mosquitos que se mueve por la Isla. Cada vez que camino las callecitas empedrados pienso lo mismo. Quiero vivir en la Isla y decir que vivo en la Isla.
El amigo llega una vez al año, a veces dos, y casi siempre arreglamos para encontrarnos. Es una charla corta, en mi caso con un té de vainilla. Me pide mis mejores 3 libros de este año. Yo confieso que leí poquísimo pero me arreglo para una lista diminuta. El me recomienda dos y me cuenta historias increíbles de castillos marroquíes de 36 habitaciones y una escritora que se encierra meses a escribir en el medio de la nada. Le cuento que después de 10 años (la dedicatoria de mi amigo Llambí dice 1999 y fue un regalo de cumpleaños) terminé Leviathan.
-De repente tengo que admitir que no me gusta Paul Auster.
-De repente.
Caminamos de vuelta y me doy cuenta que estoy a dos cuadras de lo de Toti. Bien puedo pasar a visitarlo ahora que camina poquísimo y está la mayor parte del tiempo encerrado.
-Estoy al toque. Paso.
Entro con mis llaves. Ya tenemos esa precaución y dramática como soy, imagino escenas terribles en las que tengo que entrar a escenas terribles. Me gustaría tener una cabeza menos intrincada, más sencillita, menos vuelta.
-¿De dónde venís?
-De ver a un amigo.
Me gusta intrigarlo porque prende siempre.
-¿A qué amigo?
-A mi amigo que dirige cine.
-¿Dirige o produce?
-Dirige.
-¿Largos o publicidad?
-Los dos.
Y no para y le cuento de mi amigo, su novia adorable, su casa y me canso. Soy como un parquímetro. Me venzo a la hora con mi padre, pero como anuncio siempre que “paso dos minutos y sigo de largo” siempre parece que me quedo de más.
Mentira. El se pasaría el día mirándome, escuchándome hablar. O eso cree.
Hasta yo me canso de mí misma.

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Obvio

R llama desde su estudio, mi antigua oficina, y trata de hacerse el simpático.
-Estás disfónica.
-¿Sí?
-Sí. Dicen que la voz disfónica es sexy.
-¿Vos decís?
-No, yo no lo digo. Dicen.
-Je.
-Che, les tenía que pedir un favor…

Obvio. No lo dudé ni por un segundo.

Monday, December 14, 2009

Frases IV

-Eso es de buena gente ¿ves? Sos un buen pibe.
-No; es porque quiero a la persona.
-No te confundas. La mala gente también es mala gente cuando quiere.

Sunday, December 13, 2009

Lean back, relax – here come the snacks!

Tengo que confesar que soy de la comedia musical y del número de baile de antaño tipo Fred Astaire, Ginger Rogers, Cyd Charise o Gene Kelly. Herencia paterna; y ahora es pasar de canal y encontrarlos y quedarme ahí mirando un rato embobada.
Tengo un revival All That Jazz y mientras me auto preparo un trago hago un numerito de Take Off with Us y me sorprendo acordándome la letra a la perfección.
Meet our friendly, eager crew; they only live to service you…y mucho chasquidito de dedos, hombro y pelvis en versión soft core.
What's your answer chum? Are you gonna come…?
Tengo un pasito particularmente pulido y un estado de inimputabilidad poco recomendable.
De no ser por el sushi que me pedí, qué barato me divierto.

Thursday, December 10, 2009

Gente bián II

Es el bikini. Hay que saberlo. EL bikini.

Wednesday, December 09, 2009

You´re on my list


Tengo una listita. Voy agregando un nombre; a veces es de a uno por día, a veces pasan meses y nadie. No es fácil entrar en la lista de indeseables, pero ahí estás chiquita.

Monday, December 07, 2009

Miércoles

Con las chicas nos juntamos las 13 menos las 3 que viven en el exilio, antes de fin de año (como la mitad de los habitantes del planeta supongo, nada original). Generalmente se trata de sentarnos en un living, abrir alguna buena botella de vino, comer algo y hablar a los gritos. También incluye llevar un regalo fácilmente intercambiable de regalo; es decir, de similar precio, similar uso, nada excesivamente personal. Por ejemplo, la consigna puede ser “Cosas de playa de $100” y uno puede llevar todo desde bolso de playa, protector solar, toalla, sombrero y así. Este año es una suerte de Christmas Book Club y cada una lleva un libro. Generalmente hacemos algún tipo de sorteo con números cuyo mecanismo jamás terminé de entender en 20 años, por el cual la que saca el número más alto es la última en elegir los regalos del centro de la ronda con la enmienda de que también puede elegir cualquiera de los que han sido elegidos anteriormente por otra. Es decir, puede literalmente sacarle el pan de las manos a una niña hambrienta y así la 7 puede robarle el regalo que eleigieron la 1, la 2, la 3, la 4 la 5 y hasta la 6. Esto lleva a consabidas puteadas, engaños con algunas escondiendo disimuladamente el regalo en la falda, rasguñazos y un griterío non-stop muy similar al que hacíamos en 5to. C así que nadie se sorprende demasiado y la cosa se sigue repitiendo año a año. A veces sucede que los hijos de mis amigas terminan por despertarse y se asoman en pijama para ver a sus madres revolcadas en el suelo peleándose con uñas y dientes por un toallón playero sin ningún registro de modales, edad, situación civil o nada que se le parezca. Miran con ojos desorbitados y vuelven a dormirse probablemente juntando material para sesiones psicoanalíticas futuras o por el contrario pensando que sus madres tienen un grupo de amigas con una onda bastante particular. Ya veremos. También hay momentos más caches de golpe bajo con lo mejor y lo peor del año y esa sensación inevitable de que fiaca me da arrancar al evento y después no me quiero ir.

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